25 junio 2015

El círculo del noventa y nueve.

monedas

DÉJAME QUE TE CUENTE.....

Había una vez un rey triste que tenía un criado que era muy feliz.
Todas las mañanas despertaba al rey y le llevaba el desayuno cantando alegres canciones de juglares. En su distendida cara se dibujaba una gran sonrisa y su actitud ante la vida era siempre serena.
Un día el rey lo mandó llamar.
- Paje - le dijo- ¿ Cual es tu secreto?
- Qué secreto, majestad?
- Cuál es el secreto de tu alegría?
- No hay ningún secreto, majestad.
- No me mientas, paje, He ordenado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
- No os miento, majestad. No guardo ningún secreto.
- ¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Eh? ¿ Por qué?
- Señor no tengo razones para estar triste. Su majestad me honra permitiéndome atenderle. tengo esposa, hijos, viviendo en la casa que la corte nos ha asignado. Nos visten y nos alimentan y además, su majestad me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algún capricho. ¿Cómo no voy a ser feliz?
- Si no me dices tu secreto ahora mismo te haré decapitar -dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por las razones que me has dado.
- Pero majestad, no hay ningún secreto. Nada me gustaría más que complaceros, pero no hay nada que os esté ocultando.
- Vete , ¡vete antes de que llame al verdugo!
El criado sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.
El rey estaba como loco, no conseguía explicarse por qué aquel paje era tan feliz viviendo de prestado, usando ropa vieja y alimentándose a la sombre de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus consejeros y le explicó la conversación que había tenido aquella mañana.
- ¿Por qué ese hombre es tan feliz?
- Ah, majestad, lo que sucede es que está fuera del círculo.
-¿Fuera del círculo?
- Así es.
-¿Y eso lo hace feliz?
- No señor, es es lo que no lo hace infeliz.
- A ver si entiendo. ¿Estar en el círculo te hace infeliz?
- Así es.
- Y él no esta.
- Así es.
- ¿Y cómo ha salido?
- Nunca ha entrado.
- ¿Que círculo es ese?
- El círculo del noventa y nueve.
- Realmente no entiendo nada.
- Sólo podrá entenderme si me dejara mostrárselo con un hecho.
- ¿Cómo?
- Dejando que su paje entre en el círculo.
- Sí, obliguémosle a entrar.
- No majestad. Nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.
- Entonces habrá que engañarle.
- No hace falta, majestad. Si le damos la oportunidad, entrará por su propio pie.
- ¿Pero él no se dará cuenta de que eso significa convertirse en una persona infeliz?
- Sí, se dará cuenta.
- Entonces no entrará.
- No lo podrá evitar.
-Muy bien, esta noche le pasaré a buscar, debe tener preparada una bolsa de cuero con noventa y nueve monedas de oro. Ni una más, ni una menos.
- ¿Qué más? ¿Llevo a mis guardias por si acaso?
- Sólo la bolsa de cuero. Hasta esta noche, majestad.
Así fue. Esa noche el sabio pasó a recoge al rey, juntos llegaron a escondidas a los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron al alba.
Dentro de la casa se encendió la primera vela, el sabio ató la bolsa de cuero con un mensaje que decía:

 ESTE TESORO ES TUYO,
ES EL PREMIO
POR SER UN BUEN HOMBRE.
DISFRÚTALO
Y NO LO DIGAS A NADIE
CÓMO LO HAS ENCONTRADO..

Después ató la bolsa a la puerta de la casa del criado, llamó y volvió a esconderse.
Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban lo que ocurría detrás de unos matorrales.
El sirviente vio la bolsa, leyó el mensaje, agito el saco y al oír el sonido metálico que salía de su interior, es estremeció, apretó el tesoro contra su pecho, miró alrededor para comprobar que nadie le observaba y volvió a entrar en casa.
Desde fuera se oyó como el criado cerraba la puerta y los espías asomaron a la ventana para observar la escena.
El criado había tirado al suelo todo lo que había sobre su mesa excepto una vela. Se había sentado y había vaciado el contenido del saco. Sus ojos no podían creer lo que estaba viendo.
¡Era una montaña de monedas de oro!
Él que nunca había tocado ninguna, tenía ahora toda una montaña.
El paje las tocaba, las amontonaba, las acariciaba y hacía que la luz de la vela brillara sobre ellas.
Las juntaba y desparramaba, haciendo pilas con ellas.
Así jugando y jugando, empezó a hacer montones de diez monedas, mientras sumaba diez, veinte, treinta.....¡Hasta que formó el último montón.....! y era de nueve monedas!
Primero su mirada recorrió la mesa, después miró el suelo y finalmente la bolsa.
Puso el último montón al lado de los otros y era más bajo.
- ¡Me han robado! -gritó-, ¡Me han robado! ¡Malditos!
Volvió a buscar en la mesa, la bolsa y el suelo.
Noventa y nueve monedas. Es mucho dinero,  -pensó-. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo  -pensaba- , Cien es un número completo, pero noventa y nueve no.
El rey y el paje miraban por la ventana, la cara del paje ya no era la misma. Tenía el ceño fruncido y los rasgos tensos. Sus ojos se habían vuelto pequeños y cerrados
El sirviente guardó las monedas en la bolsa y  mirando hacia todas partes, escondió la bolsa entre la leña. Después se puso a hacer cálculos en cuanto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda cien.
El criado hablaba solo, en voz alta.
Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla.
Con cien monedas un hombre es rico, puede vivir tranquilo y dejar de trabajar.
Hizo cuentas, sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años, podría reunir el dinero.
El rey y el sabio volvieron al palacio.
EL PAJE HABÍA ENTRADO EN EL CÍRCULO DEL NOVENTA Y NUEVE.....


Del libro:
Déjame que te cuente.....
JORGE BUCAY

++monedas

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Hay veces que siempre nos falta algo para estar satisfechos, y sólo satisfecho se puede gozar de lo que se tiene....por lo tanto, hemos aprendido que la felicidad llegará cuando completemos lo que nos falta....
Y como casi siempre nos falta algo, la idea vuelve la principio y nunca se puede gozar de la vida......



Gracias por tu visita y feliz semana.
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7 comentarios:

Montse dijo...

A través de Jorge Bucay, no enseñas como la ambición desmesurada nos puede hacer infelices...
Porque la normal que uno quiere mejorar en la vida es bueno, siempre que no nos convierta en esclavos de lo que no podemos conseguir..
¡Que pena este paje, tan feliz que era!...pero hay una segunda lección, de quien nos envidia y solo es él feliz si a los demás los ve desgraciados.
Besinos y buena semana...Montse madre

Garcillán dijo...

Gracias Montse, no lo conocía, me ha gustado mucho.

Besos.

teresa dijo...

Me gusta mucho Jorge Bucay, muchas gracias Montse por este precioso blogg que todos los jueves nos sorprende con imagenes e historias sorprendentes, bsinoss Tere.

C.Fanjul dijo...

Preciosa historia para reflexionar

Gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!

montse cf dijo...

Gracias por vuestra visita y la lectura compartida....
Un abrazo!!

manzanasrojasr dijo...

Muy buena reflexión.

Un abrazo,
Raquel

orange/chocolate dijo...

A menudo vivimos creyendo que nos falta algo sin ser conscientes de que en realidad ya tenemos todo lo necesario para ser felices.
Gracias, amiga